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Lecturas de interés

Aldea Global
Por Adrián Paenza

Hace casi dos años, el 13 de noviembre del 2007, apareció en la contratapa de este diario un artículo que llevaba el nombre de Aldea Global. La idea es “imaginar” la realidad si se redujera la población de la Tierra a una “villa” de exactamente 100 personas. ¿Qué pasaría con ellas? Es decir, ¿cómo se distribuirían por categorías?
Las estadísticas han sido actualizadas basándose en publicaciones especializadas e informes sobre la población mundial creados por Naciones Unidas, PRB.org y otras fuentes más. Los autores del texto original piden que quien lea las estadísticas tenga en cuenta que son eso, estadísticas, y en consecuencia podrían haberse producido cambios en pocos meses o después de pocos años. Por lo tanto, invitan a que uno las considere una “tendencia” y no como algo preciso y/o exacto.
Por último, casi todo el texto que figura en este artículo no me pertenece. Más que nunca, soy simplemente un vehículo para informar y/o comunicar lo que es mérito de otros. El texto fue publicado por primera vez el 29 de mayo de 1990 (hace casi 20 años) bajo el título “Reporte sobre el estado de la Aldea” y fue escrito por Donella Meadows, quien lo distribuyó en febrero del año 2000.

La Tierra en Miniatura

Si pudiéramos reducir la población de la Tierra a una pequeña comunidad de 100 personas manteniendo las proporciones de hoy en día, el resultado sería el siguiente:
61 asiáticos
13 africanos
12 europeos
8 norteamericanos
5 sudamericanos y caribeños
1 de Oceanía
50 mujeres
50 hombres
47 viven en un área urbana
9 discapacitados
33 cristianos (católicos, protestantes, ortodoxos, anglicanos y otros variantes)
18 musulmanes
14 hindúes o hinduistas
16 no son religiosos
6 budistas
13 practican otras religiones
43 viven sin sanidad básica
18 viven sin una fuente de agua potable
6 personas poseen el 59 por ciento de las riquezas de la comunidad
13 están hambrientos o desnutridos
14 no saben leer y sólo 7 tienen una educación de nivel secundario
Sólo 12 tienen una computadora
Sólo 3 tienen conexión a Internet
1 adulto de entre 15-49 años tiene VIH/sida
La aldea gasta más de 1,12 billones de dólares en gastos militares y tan sólo 100 mil millones en proyectos para el desarrollo
Si usted tiene comida en la heladera, guarda su ropa en un ropero, tiene una cama para dormir y un techo sobre su cabeza, entonces, usted es más rico que el 75 por ciento de la población mundial.
Si tiene una cuenta en el banco, entonces es una de las 30 personas más ricas del mundo.
18 luchan para sobrevivir con un dólar por día… o menos
53 luchan para sobrevivir con dos dólares por día o menos
17 hablarían mandarín
9 inglés
8 hindi o urdu
6 español
6 ruso y
4 árabe
Esta lista sólo contempla la lengua madre de la mitad de los habitantes de la villa. La otra mitad hablaría (en orden decreciente por frecuencia) bengalí, portugués, indonesio, japonés, alemán, francés y 200 otros idiomas
Un tercio de la villa (33) serían niños. Sólo la mitad de estos niños estarían inmunizados frente a enfermedades infecciosas prevenibles, tales como polio y rubéola
6 de los 100 habitantes de la villa tendrían más de 65 años
Sólo la mitad de las mujeres casadas tendrían acceso a métodos anticonceptivos
Todos los años se producirían 3 nacimientos y 1 muerte. Es decir, la villa tendría 102 personas al año siguiente
Sólo 7 personas tendrían auto (algunas de ellas más de uno)
Una tercera parte de la población no tendría acceso al agua potable, y de los 67 adultos de la villa, la mitad (¡la mitad!) sería analfabeta
Eso sí: la villa habría enterrado bajo tierra suficiente poder en armas nucleares para explotarse y destruirse a sí misma varias veces. Y estas armas estarían bajo el control de sólo 10 personas
* Las fuentes de la información que aparece publicada son:
1) http://www.miniature-earth.com/me_spanish.htm
2) www.makepovertyhistory.org”>http://www.makepovertyhistory.org”>www.makepovertyhistory.org
3) www.millenniumcampaign.org”>http://www.millenniumcampaign.org”>www.millenniumcampaign.org
4) www.un.org/millenniumgoals/
5) http://sustainer.org/dhm_archive/index.php?display_article=vn338villageed
** Al día de hoy, el Instituto de la Sustentabilidad, a través de la Fundación de Donella, lleva adelante el proyecto llamado “The Miniature Earth” (“La Tierra en Miniatura”).

¡

Agradecimiento
Por Juan Gelman

“Trascender la realidad y la materia. Reconstruir la poesía y el mundo espiritual del ser humano” es el lema de este festival. Y a decir verdad, este paisaje que recuerda dos versos de Hu-liu Kim escritos en el siglo VI, “El cielo es azul, azul/la llanura inmensa, inmensa”, invita a reflexionar sobre el tema. No es fácil. ¿Qué significa reconstruir la poesía? Ningún poeta nace de la nada y, cada uno a su manera, sigue el consejo de Basho: no hay que imitar a los antiguos, hay que buscar lo mismo que ellos buscaron. Es cierto que vivimos en una época en la que la improvisación, la trivialidad y la ligereza parecen dominar. Pero el poeta abre caminos interiores para escribir cada poema, desbroza las malezas de su subjetividad, no escucha el estrépito de la palabra impuesta. No vive para escribir, escribe para vivir, como recordó alguna vez la gran poeta rusa Marina Tsvetáeva. Pienso que lo que hay que reconstruir es este mundo, esta vida. Sigue en pie la pregunta que se hizo Li Tong-yang hace 500 años: “¿Qué hacer? ¿En qué se van a convertir los vivos?”.
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“Debemos aprender de nuestros obreros, debemos transformarnos en obreros, constructores todos los días de esos programas de radio y televisión y tenemos que ser esos obreros y el amor es importante, pero al lado del amor debe estar el trabajo cotidiano, el de todos los días, arremangarse, el sentarse, escribir el guión, ir detrás de la cámara y preguntarse cuál es el mejor encuadre para contar esto, cuál es el mejor actor que puedo utilizar, cuál el mejor comunicador o el mejor periodista que vea el punto de vista adecuado para narrar esta historia. Ese trabajo cotidiano me parece que es la clave verdadera de que nosotros nos transformemos en los inspiradores o creadores de los nuevos medios populares…”

Entrevista a Tristan Bauer, presidente del Sistema Nacional de Medios Públicos de la Nación Argentina
“Los medios públicos tienen que hacer una tarea inmensa”
Matilde Sosa
Venezuela Ahora

Tristán Bauer, constructor de mensajes y a la vez obrero del lenguaje audiovisual, fundamenta su trabajo en la comunicación con la poética popular. Sostenido en su experiencia y sus proyectos en lo futuro, reclama la incansable búsqueda de la calidad y el profesionalismo. Solamente opera con “la suma” para la permanente construcción. Para crear apela a los fonemas libertarios de Paulo Freire. Es el actual presidente del Sistema Nacional de Medios Públicos, dependiente de la Secretaría de Medios de Comunicación de la Nación Argentina y responsable de Canal 7 de televisión y Radio Nacional Argentina.

Cineasta y docente, Bauer fue el inspirador y director del Canal Encuentro, reciente señal televisiva innovadora, desafiante y reivindicativa, con contenidos educativos y culturales argentinos y latinoamericanos, que puso en marcha el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación Argentina, desarrollando una televisión pública, educativa y de calidad, y utilizando en favor de la enseñanza las herramientas que los nuevos medios de comunicación pueden ofrecer.

–Creo que cuando asumimos responsabilidades como estas, lo hacemos desde el amor, el amor al pueblo, y cuando digo que la responsabilidad es inmensa lo es, ya que empujar, aportar con mis ideas, con mi pensamiento y con el trabajo cotidiano en la construcción de un canal de televisión de alcance nacional, más el trabajo con las radios, es una responsabilidad enorme. Me corresponde a mí, personalmente, ser digno de esta responsabilidad y llegar con los mejores mensajes y los programas, tanto radiales como televisivos desde los medios públicos a toda nuestra población, máxime teniendo en cuenta que los recursos con los que se desarrollan estas señales provienen y son del pueblo.
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A propósito de la “propiedad privada”
La propiedad intelectual
Josep

josepgmaynou.blogspot.es

El “general intellect”
Introducción

El mundo del dinero observa asustado e incrédulo como en su propio seno, allá en donde más alto ha alcanzado éste, el cenit de su apogeo (en las sociedades más avanzadas), empiezan a emerger con una fuerza imparable movimientos sociales que lo niegan. Una nueva forma de trabajo que ya no puede ser encerrado entre las paredes de las inmensas factorías productoras de mercancías, ni enajenado como un simple trabajo forzado, ni desarrollado como un apéndice de un ingenio mecanizado, ni gastado en el propio acto de producir la mercancía, ni creado ni reproducido ni aumentado individualmente (o como suma de actos de individuos aislados), ni convertido en mercancía de cambio,… y que necesariamente debe ser considerado como propiedad social para ser realizado, generalizado y transmitido, se niega a estar encadenado a las leyes del Capital. Mejor dicho, no puede realizarse bajo las leyes del Capital.
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Un repudio que dio sus frutos
Por Mariana Carbajal

UNILEVER LEVANTO LA PUBLICIDAD SEXISTA DE UN DESODORANTE MASCULINO
Después de que Página/12 revelara que un juego en Internet proponía sumar puntos dándoles “garrotazos” a las mujeres, la empresa que fabrica el desodorante Axe lo sacó de la red. Desde diversos sectores reclaman que la firma igual sea sancionada.

La multinacional Unilever resolvió levantar de la web la campaña publicitaria del desodorante masculino Axe que incitaba a través de un juego interactivo a pegarles “garrotazos de amor” a mujeres bajo la consigna “¿Le das o no le das?”. La decisión llegó después de que este diario revelara el generalizado repudio que recibió de organizaciones de derechos humanos, legisladoras y el Inadi, por su contenido sexista, discriminador y que naturalizaba la violencia contra las mujeres. “Es muy importante la reacción de la empresa. Pero no es suficiente. Se ha beneficiado económicamente a costa de la promoción de la violencia contra las mujeres y por tanto debe destinar esas ganancias a reparar el daño producido: tiene que realizar una donación de dinero a algunas de las ONG o programas oficiales que luchan contra la violencia de género”, consideró la diputada porteña de la Coalición Cívica, Diana Maffía, que denunció la campaña ante el Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión, integrado por el Comfer, el Inadi y el Consejo Nacional de la Mujer.

Tres diputadas del Frente para la Victoria, Juliana Di Tullio, Diana Conti y María Teresa García, presentaron el lunes una denuncia en la Justicia contra Unilever por presunta infracción al Código Penal, por instigación del delito, al promover la violencia contra las mujeres con el juego interactivo, al que hasta el martes se podía acceder en el sitio http://www.caza doresaxe.com. La propuesta lúdica consistía en dar “garrotazos de amor” a fotos de mujeres. Por cada golpe se sumaban 1000 puntos. De las mujeres golpeadas emanaban corazones rojos que luego se desvanecían simulando ser sangre. Si el garrote se descargaba sobre un varón, en cambio, se restaban 500 puntos. La diputada Marcela Rodríguez, de la Coalición Cívica, presentó un proyecto de repudio en el Congreso. Las cuatro legisladoras nacionales se enteraron de la campaña de Axe a través de este diario una semana atrás. También en la oficina de Amnistía Internacional en la Argentina.

“Es muy importante y hay que destacar el rol de Página/12, al darle visibilidad a una campaña que denigraba a las mujeres, reforzaba estereotipos y naturalizaba las relaciones de dominación”, consideró Di Tullio.

La noticia dio la vuelta al mundo. Agencias internacionales se hicieron eco de la información publicada el lunes por este diario. Unilever se limitó a decir que se malinterpretó un recurso publicitario como un mensaje que la compañía nunca deseó comunicar.

Desde Amnistía Internacional tomaron contacto con la empresa y con la Asociación Argentina de Agencias de Publicidad para manifestarles su preocupación y reclamarles el levantamiento de la campaña de la web. El Inadi tomó cartas en el asunto y envió a comienzos de esta semana una carta a la compañía multinacional en la que solicitó también que quite la promoción de Internet.

“La Argentina, por las normas internacionales de Derechos Humanos como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y la Convención para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujer conocida como Convención de Belem do Pará, y por la Ley 26.485, sancionada el 11 de marzo por el Congreso y publicada el martes en el Boletín Oficial, está obligada a tomar medidas para prevenir, sancionar y erradicar la violencia de género”, recordó Di Tullio.

Además del juego de “garrotazos de amor”, la publicidad en Internet se complementaba con otro sitio, que también fue quitado de la web, que planteaba un “mapa de la cacería” (http://www.mapadelacace ria.com), que abarcaba a la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, donde los “depredadores” podían encontrar a sus “presas”. El entorno remitía a la Prehistoria, a la “época de las cavernas”. El objetivo era que los hombres pudieran determinar qué tipo de “cazadores” eran, haciendo alusión a la vuelta a los instintos primitivos. La relación entre los géneros estaba claramente definida como un vínculo entre víctimas y victimarios.

“Me alegra que feministas de distintas posiciones políticas hayamos coincidido en hacer presentaciones de distinto tipo con el mismo objetivo”, celebró Maffía. Y agregó: “Desde el movimiento de mujeres debemos generar una ciudadanía responsable y castigar a las empresas que promueven este tipo de mensajes no consumiendo los productos que fabrican como hacemos con aquellos que provienen del trabajo esclavo e infantil”.

La coordinadora de Campañas de Amnistía Internacional en la Argentina, Gabriela Boada, también destacó la “repercusión mediática y la respuesta de la sociedad civil y de organismos oficiales” para lograr el levantamiento de una campaña con mensajes que “violaban los derechos humanos y naturalizaban la violencia contra ellas”. “Nos parece muy positiva la presión ejercida por medios de comunicación y la sociedad civil. Es también importante el rol del Estado pero también la responsabilidad de las empresas en torno de los derechos humanos y la violencia de género”, añadió Boada.

La Red de Periodistas de la Argentina por una comunicación no sexista (PAR) aplaudió la “rápida reacción” de distintos sectores, pero reclamó “medidas ejemplificadoras” para los responsables de la compañía. El retiro de la publicidad “no exculpa a la multinacional de su delito”, consideró PAR en un comunicado de prensa. “La Justicia debe actuar con celeridad y máxima dureza para prevenir hechos similares en el futuro”, opinó la red que agrupa a más de un centenar de periodistas de todo el país.

No es la primera publicidad de Axe cuestionada en el país. El Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión ya advirtió a la multinacional sobre otras campañas del mismo desodorante por su contenido sexista, atentatorio de la dignidad de las mujeres. También en España le llamaron la atención. Según señala PAR, el Observatorio Andaluz de la Publicidad no Sexista viene informando desde hace cuatro años que la multinacional, con la promoción de marcas como Axe y Rexona –marca de desodorante femenino–, se encuentra “a la cabeza de las empresas señaladas por trato denigrante a la mujer”.

“… y no hay sangre en la Argentina”
Por Sandra Russo

Quiso la tradición oral de los bares y los livings en los que transcurren las conversaciones progresistas, que “la casa está en orden” fuera la frase de Alfonsín que le cayera a su figura pública como un poncho, como una red, como un yeso. Esa frase envolvió su imagen en estas últimas décadas. Incluso se superpuso, invisibilizándolo, a la del único presidente democrático latinoamericano en juzgar a las Juntas militares de la dictadura que lo había precedido. Quizá habría que preguntarse, ahora que su muerte hace rebobinar la historia y allí está Aldo Rico, con la cara pintada, y allí se reviven el asco y el miedo, qué esperaba esta sociedad de Alfonsín y, en general, qué espera de sus dirigentes políticos. Algo es claro y contradictorio, pero así somos: la reivindicación de Alfonsín, para quienes la sostienen, debe incluir necesariamente la reivindicación de los partidos políticos. Una contracorriente impensada en tiempos de candidatos prêt-à-porter que defienden en público sólo lo que las encuestas revelan que deben sostener. Candidatos aprogramáticos que, más que una causa, tienen un asesor de imagen.

Muchos de los que a partir de esa tarde de abril de 1987 dejaron de creer en Alfonsín estaban allí, en la Plaza. Donde hay que estar en este país cuando las cosas arden. Estuvieron allí, en esa vigilia ácida, porque un escalofrío que los años no nos han hecho olvidar ya les decía, a esos miles y miles y miles de personas, que nunca más, y que a la democracia habría que defenderla. No entregarla como tantas veces antes. Estuvieron allí porque sabían y saben que los argentinos no somos todos buenos por el hecho de haber nacido aquí. Que había, y hay hoy, sectores a los que sólo una aplastante correlación de fuerzas puede mantener bajo control, porque este país fue diseñado así, con penas que son de nosotros y vaquitas ajenas.

Esa tarde de abril de 1987 los miles y miles y miles que estaban ahí hubiesen defendido como fuese al gobierno de Alfonsín, porque era exactamente y más que nunca una autodefensa. Porque cuando no hubo democracia, hubo dinero y orden. Dinero falso, la plata dulce. Orden arrancado a los cementerios. Seguridad, por supuesto. Todos los enemigos internos estaban siendo asesinados, muchos de ellos preventivamente. Y esta parte de la historia no ha sido muy frecuentada. No es amable decir que el sector que coyunturalmente –desde hace décadas es el financiero, incluso ahora, cuando parece tan enraizado en el campo– ha detentado poder en la Argentina contó siempre con su claque, que son las doñas Rosas y las Susana Giménez, con sus respectivos maridos o socios. Gente común y gente endiosada que pide dinero y orden. Un gen argentino tanático y perverso nos acosa. Dulces madres, abuelos encantadores no dudarían en aceptar alguna tutela autoritaria a cambio de dinero y orden. Y aunque ya no se trata de las Fuerzas Armadas, replegadas tras dos décadas de democracia a sus funciones específicas, en la Argentina siempre hay un montón de gente que cuando muere Alfonsín, por ejemplo, hace lindas declaraciones a favor de la democracia, pero dejaría hacer. Como dejaron hacer y sacar al propio Alfonsín para que Menem llegara cuanto antes a restaurar el poder económico. Como dejaron hacer y sacar a un De la Rúa que huyó después de un incendio social y más de treinta muertos.

Y digo por qué creo que Alfonsín fue un gran hombre, un excepcional animal político de los pocos pero deslumbrantes que han tenido los radicales. Alfonsín no fue un manso, sino un hombre que dio la pelea que él consideraba justa, y Alfonsín era un radical. Para serlo, fue mucho más allá de lo que consideraba necesario su propio partido, y el eje de la conciencia política del ex presidente era el poder partidario. En nombre de ese tipo de poder cometió graves errores, pactos en Olivos, que pagó el país. Pero aquella tarde de 1987, la frase completa fue “la casa está en orden, y no hay sangre en la Argentina”.

La memoria colectiva recortó el final. Pero yo escucho sobre todo ese final. Quizá sea que se murió. La muerte no debe canonizar a nadie, pero es inevitable pasar en limpio, poner en foco. Yo escucho “… y no hay sangre en la Argentina”, porque son palabras importantes. No se puede saber qué habría pasado si las cosas hubieran sido otras, pero algo es completamente cierto: Alfonsín nunca fue un líder revolucionario, y esta sociedad jamás podría haber tenido uno. No estamos llamados a esos cambios bruscos, sino al lento fluir de un sistema que nos evita el derramamiento de sangre. Alfonsín enfrentó aquel terrible dilema de los carapintada atrincherados y la multitud en la Plaza con su confeso y nítido punto de vista radical. Optó por asegurarse la continuidad de un sistema que ahora se encarga de esos juicios. Sería justo que de ahora en adelante recordáramos, al menos, la frase completa.
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PUBLICIDADES QUE APUNTAN AL CORAZON DE LOS PREJUICIOS
Cuando el racismo es método de venta

Una campaña de seguros para el hogar, otra de puertas de seguridad y otra de venta de SMS’s apelan a una estigmatización de la clase pobre. “La civilidad aparece dividida en un nosotros/ellos”, dice la analista María Laura Pardo

Por Facundo García

“Hay una ola de inseguridad”, se avisa en todas partes. La utilización de la metáfora acuática –la “ola”– sugiere que la violencia que estarían originando los marginales responde a su naturaleza. Una marea de negros de mierda vendría a inquietar cíclicamente a “los decentes”, y el que quiera venderle a las clases medias y altas sabe que para ser efectivo debe montarse sobre ese prejuicio. En tal sentido, la publicidad viene haciendo punta: durante los últimos meses, una escalada que se basa en la estigmatización de un sector de la sociedad ha ido regalando ejemplos que demuestran que con tal de hacer plata, más de una empresa decide archivar el sentido crítico y jugarse por lo efectivo, que en muchos casos coincide con el fascismo.

Uno de los ejemplos más obvios es el anuncio radial que lanzó en octubre el Banco Galicia, para promocionar sus servicios de seguros del hogar. Arranca con el diálogo entre un encargado de edificio y un pibe. En tono confianzudo, el encargado deja deslizar que los vecinos tienen valiosos electrodomésticos y, finalmente, pregunta a su interlocutor: “¿Vos venías a repartir unos volantes, no? Pasá, pasá”. En respuesta se escucha a un joven con acento típico del conurbano bonaerense que agradece el permiso exclamando “gracia’, amigo”. Esa expresión mínima y corriente se usa para dar a entender que el que ha entrado es en el fondo un ladrón. De remate, un locutor en off cierra el sentido al declarar que es preciso cubrirse de esas eventualidades porque “nada es tan seguro como parece”.

Ante ese aviso, el Sindicato Unico de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (Suterh) presentó una demanda remarcando que se estaba “desprestigiando la relación laboral de los Encargados de Edificio (…) generando desconfianza sobre nuestra lícita actividad”. Por otro lado, el vínculo que se establece entre los pobres del conurbano y los chorros es directa, amén de la relación insinuada entre el oficio de volantero y la criminalidad. Como ha comunicado al respecto el Observatorio de la discriminación en Radio y Televisión (obserdiscriminacion.gov.ar), “son prácticas sociales discriminatorias crear y/o colaborar en la difusión de estereotipos de cualquier grupo humano por características reales o imaginarias”. Aparentemente, la actuación conjunta de estas instituciones logró que el fiasco dejara de emitirse.

Igual o más siniestro es lo que está haciendo Telepromos con su oferta de envío de mensajes de texto por celular. Cualquiera ha visto esos anuncios en los que se insta a mandar un SMS para recibir, a cambio de un monto de dinero, “los mejores consejos para el amor”, horóscopos o confesiones hot. Ahora bien: el nuevo producto, “Mandá ‘robar’ al 2020”, pretende vestir de simpatía lo que no es más que un juego perverso a través de la identificación de un grupo vulnerable con la ilegalidad. La publicidad puede verse de día y se ha detectado en al menos un canal de aire (en el 9, alrededor de las 13.10). Durante todo el comercial suena una cumbia y un joven vestido con remera y gorra pasa por distintas locaciones urbanas cumpliendo con el repertorio gestual que abunda en los barrios más humildes. El locutor resume la propuesta: “Mandá ‘robar’ al 2020 y recibí todos los días las frases de la villa en tu celular”, exclama, e insiste: “Sentí la villa en tu celular”.

Esta equivalencia entre afanar y vivir en la pobreza no contrasta con el nuevo caballito de batalla de puertas Pentágono. La pieza –que todavía puede verse en Youtube y en algunos canales de TV– arranca en cámara lenta: se ve correr a un hombre gordo y transpirado, morocho y vestido de pobre. Es interesante notar la similitud entre esta perspectiva y la de Leni Riefenstahl en su film Olympia, aquel documental sobre las olimpíadas del ’36 que terminó siendo un canto a la superioridad de la raza aria. En este caso, la mirada también es detallista y ralentada. Pero el objeto ya no son los atletas, sino la figura del “grasa”. El ritmo pausado garantiza que el ojo burgués tenga tiempo para identificar y hacer sentido sobre ese cuerpo “imperfecto”, “sucio” y todo lo que la creatividad peyorativa del mediopelo local sea capaz de agregar.

Allí no termina el vicio discriminatorio. El gordo se desplaza al trote por lo que parece ser una pista estilo test dummies y se inclina para dar un topetazo contra la puerta blindada. El personaje choca de lleno contra el metal y cae al suelo, justo antes de que se explique que las Pentágono protegen la casa porque son “más duras que la realidad”. María Laura Pardo, docente y analista de discursos de los medios, ha explicado que en estas situaciones “la civilidad resultante aparece dividida en un nosotros/ellos” que va construyendo un paisaje social en el que “hay personas que disfrutan de una cantidad de derechos en virtud de que muchas otras no pueden disfrutarlos”.

¿A qué musa atribuir este catálogo de groserías? ¿A la endeblez ideológica de los publicistas? ¿A la avidez del empresariado? Cuando pase la “ola” de inseguridad habrá que chequear cuánto crecieron estas compañías a partir de la explotación de los prejuicios más dañinos. Mucho más difícil, en cambio, será cuantificar la cantidad de humillaciones y prejuicios que sembraron en su carrera detrás de la ganancia.

La «Prioridad Peatón»: promesa con trampa
Norberto Chaves

Barcelona | 02/03/2009 | Lo que aparenta una «recuperación» de áreas históricas, no es mas que un cambio socio-urbano indudablemente negativo.
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Pentágono
La publicidad de una puerta blindada que divide a víctimas y victimarios según sus rasgos.
por Sandra Russo

Así se llaman unas puertas blindadas cuya publicidad me perturba cada vez que la pasan. Muestra a un negro corriendo. No es una persona corriendo ni un hombre corriendo. Es un negro corriendo. Tampoco es un negro como Barack Obama o como Pelé o como Rubén Rada. Específicamente, es un negro de mierda. El personaje que corre moviendo con él la panza inequívocamente hinchada de cerveza es un hombre quizás argentino, quizá paraguayo o peruano, sin rasgos europeos. Su fisonomía es la de cualquier hombre común y corriente que toma el tren a las seis de la mañana en Moreno para ir a trabajar a la obra en Capital. O la de un colectivero, o un taxista. O la de un kiosquero, o un mecánico. Pero tiene la barba crecida y la cara sudada mientras corre. Corre hacia lo que en una segunda instancia se ve que es una puerta. Choca con toda la fuerza de su cuerpo grueso contra la puerta. Rebota contra Lo Blindado y cae. Leer más>>

Las 12 / Página 12 / URBANIDADES
Macho menos
Por Marta Dillon

Es una voz infantil la que desafía desde la radio: “Vacunate si sos macho”, dice con ese tono que usan los niños pequeños –podría pensarse que el que habla no tiene más de siete– para invitar a un acto que requiere alguna valentía, dale, a ver si te animás.
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China y la historia universal
Por José Pablo Feinmann

Y durante unos días, en China, los hombres jugarán a que se aman, a que el deporte todo lo puede, a que, después de todo, formamos parte de una humanidad que comparte un hogar común: la Tierra. China ha entrado definitivamente en ese espacio que Hegel le negaba, la Historia Universal. Lo hizo por medio de un desarrollo tecnológico (que es el alma del siglo XXI) que consiguió lo que buscaba: ser apabullante.

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Toooooooooodo sobre Google
Por Natali Schejtman

¿Qué relación existe entre Google y Platón? ¿Y entre Google y la noción de democracia que se propaga hoy en día? ¿Y entre Google y el capitalismo? ¿Y qué tiene que ver George Bush en todo esto? ¿Y Sarkozy? Estas y otras cuestiones alrededor de la empresa virtual más poderosa e intencionadamente simpática del mundo son las que aborda la francesa Barbara Cassin, filósofa y filóloga especialista en Grecia antigua, en su libro Googléame. La segunda misión de los Estados Unidos. Respuestas que, por supuesto, no se pueden buscar en Google.
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ARTE DE ULTIMAR Vallejo, de jueves a viernes
Por Juan Sasturain

A mí no me cabe ninguna duda de que César Vallejo fue el mejor poeta del siglo veinte en lengua castellana. Claro que es cuestión de gustos, siempre de gusto sustentable en buenos argumentos. Y hay quienes elegirán a Darío o a Lorca o a Machado o a Neruda o a Borges o a algún otro grande de los que vinieron después tras ellos y siguen hoy. Aunque Vallejo no hizo escuela, dejó marca, lo que es más fuerte. Y no le queda bien a cualquiera, no es para todos. Sin Vallejo no habría habido Gelman, por ejemplo; el autor de Gotán no hubiera arrancado como arrancó para después irse solo, tomarse el riguroso buque personal. Por eso, tenemos muchos poetas para disfrutar y elegir, por suerte. Pero como Vallejo, pesado y original, fuerte y convincente como el terrible peruano, nada.
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La pobreza y la obligación moral
Diálogo con Julieta Manterola, filósofa

El jinete hipotético, fatigado por la injusticia, siente que se disuelve y se agota su yo, que se desorienta, y recurre a la filosofía. De los valores, de la sutil distinción entre daño directo, derechos negativos y esas cosas.
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María en el bosque
Por Sandra Russo

La vi como nunca la había visto ni me imaginé que la vería. Esa tarde en que abrí la puerta de su cuarto ya intranquila porque no contestaba a mis llamados, la vi arrodillada al lado de una palangana. Estaba con el pelo atado y comía un tostado de jamón y queso que sostenía con las dos manos. Iba a comerlo y a vomitarlo. No pude decir nada. Cerré muy despacio la puerta del cuarto y bajé la escalera sintiendo que los escalones eran las ramas de un árbol.
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Discurso sobre la infancia

Presentación de Daniel Link a Niños que nacieron peinados (Buenos Aires, ArteBA, 21 de mayo de 2007)
“Siempre que hablo ante mucha gente me parece que me he equivocado de puerta. Unas manos amigas”, las de Arturito, las de Prior, en este caso, “me han empujado y me encuentro aquí. La mitad de la gente va perdida entre telones, árboles pintados y fuentes de hojalata y, cuando creen encontrar su cuarto o círculo de tibio sol, se encuentran con un caimán que los traga o… con el público como yo en este momento”[1].
Arturo Carrera y Alfredo Prior han urdido un libro, Niños que nacieron peinados, que a simple vista (la pereza es lo que caracteriza nuestra actualidad) parece sencillo: fragmentos de poemas y retratos de niños. Una antología a cuatro manos de lo ya hecho, supone el fatigado paseante perdido entre árboles pintados y fuentes de hojalata.
Pero lo que Arturo Carrera y Alfredo Prior nos ofrecen en Niños que nacieron peinados es precisamente un tratado (filosófico, nos atreveríamos a decir, si la palabra no hubiera sido secuestrada por los hombres de la bolsa del concepto) sobre el surco de ese ya, es decir: un tratado sobre lo viviente y sobre el arte (¿acaso se trata de cosas separadas?) que hace de la infancia, la infancia como déjà fait, su piedra de toque y, al mismo tiempo, su punto de aniquilamiento: sabemos que toda filosofía verdadera sueña con su propia desaparición, y este libro majestuoso que nos entregan Arturo Carrera y Alfredo Prior (gracias a la generosísima disposición de enargeis y estación pringles) no es ajeno a esa corriente.
Se trata, en efecto, de un dejarse llevar de un lado al otro. Y es tan cautivante el ritmo de ese ritornello, de ese estribillo, de esa cancioncilla, que a los dos los transforma en todos y en ninguno. La pereza de nuestro tiempo querría que decidiéramos si los poemas de Artedo ilustran o explican los retratos de Alfruro, pero ese pasatiempo aburre al instante: entre los dos (y la clave de todo sería definir el alcance de ese entre) han definido un concepto que crece y se hace más denso a cada vuelta de la cancioncilla.
Sabemos, sobre todo por la obra de Artedo y Alfruro… -se me disculpará que me comporte como un niño con los nombres ajenos: he vuelto a los autores figuritas de mi propia mitología, autorizado por palabras de Carrera, quien se pregunta (en este libro, en todos sus libros) si “el arte no es tan sólo la entrega de esa figura huidiza de la sensación”, si no es sólo “«la figurita» de lo sentido, la que se escapa de las obras como un ímpetu que hace esplendor”[2], y las de Prior, que pone incluso al curioso impertinente que se asoma a su universo en el lugar de la figurita de lo sentido, cuando dice: “El espectador de mis obras de arte es un hombre con cara de oso y la sonrisa de mi madre”[3].
Sabemos, decía, gracias a Alfruro y Artedo (y no podríamos saberlo sino gracias a la gracia de esos duendecillos un poco endemoniados) que todo pensamiento sobre la infancia escapa a la razón; es lo que los antiguos retóricos llamaban una contradictio in adjectio: ¿es el niño libre o no?, ¿es el niño un ser humano o no? En el pensamiento sobre la infancia hay algo que desborda el concepto: la «animalidad» de sus inclinaciones, lo «virtual» de su libertad. Así, no son unos niños los que nos regalan los artistas (aún cuando, a veces, esos niños tengan nombres propios) sino un pensamiento sobre la infancia como posibilidad misma del pensamiento: “Un niño me sostiene, un niño es mi pensamiento, un niño es el desposeimiento puro de mi cuerpo de amor”[4] canta uno (adivinen cuál) y hace coro el otro, recordando cómo se le aparecieron unos “niños vacíos”, vacíos porque “cuando los pintaba tenía la certeza de que esas formas coloreadas me atormentaban, incluso me impedían seguir pintando” [5].
Esa mezcla en el niño de responsabilidad e irresponsabilidad, de desposeimiento y tormento, de insistencia y vacío, de humanidad e inhumanidad, es una idea sobre lo viviente de la misma naturaleza que la idea estética.
Los impresionantes retratos de Artedo y la encantatoria cancioncilla de Alfruro son dos ríos de sin-sentido que confluyen en una laguna de “Venecia donde pulpa y reflejo son rozados por la ascensión del cuarzo traspasado por flechas”[6], cuya palinodia nos dice que, como el viajero y como el niño, vivimos atados a las cadenas de la determinación, desde que aceptamos que lo único que existe en el horizonte es la aniquilación (de la infancia).
Vean ese retrato de ese pequeño Onán fascista con anteojos. Vean ese retrato de abuela severa de los Países Bajos. Al pintarlos como “niños vacíos”, al retrotraerlos a su infancia, el pintor no quiere decir que el adulto que somos estaba prefigurado en el niño que éramos, sino todo lo contrario: que en el adulto que somos, determinado por el triste teatro de la historia, persiste un otro agazapado, un moriturum que, como El Principito, sabe que va a morir (en tanto infans, en tanto forma sin sustancia), pero que sin embargo, persiste.
¡Pero claro, replica haciendo coro Artedo! Si “el niño es la insistencia de la materia vocabular de esa risa”, si “hay un niño insistente que no existe que persiste percutiendo y simulando en los ojillos de la noche”, si “no hay drama en la infancia: sólo la variación indiferente de una música de insectos y vivísimas alas”[7]. ¿Cómo podía ser de otro modo?
La infancia no es sólo lo previo al lenguaje, es también lo previo a la historia, la pre-historia de la humanidad, cuando no había teatrillos del yo y el arte se limitaba al rumor de los insectos, las bandadas de pájaros, la canción de la tierra.
¿Será verdad que “el sueño existencial de la infancia (…) consiste en amurallarse e instalarse”[8]? Si lo fuera, habría que agregar que la infancia se instala, amurallándose contra las inclemencias de la historia, y no del tiempo. La infancia es lo indeterminado en lo determinado, la oscilación entre lo animal y lo humano, una oscilación, digamos, natural. Por eso Sarduy asimila los niños de Prior a un banco de pececillos dominado por el pánico [9]. La infancia es ese pánico: eso que ya ha sido, sin llegar a ser la muerte. Y es el juego: mimesis de la naturaleza y por eso: convertirse en oso, conversión en niño del artista, devenir juego del arte.
El arte, para Alfredo Prior y Arturo Carrera, es el rastro de una ausencia (lo infans como moriturum), que sin embargo nos manda. Uno no canta ni pinta ni traza ni llena las formas con sustancias. Sencillamente oye el ritornello, y baila la canción dichosa de lo previo.
El arte es un geomorfismo y no un atropomorfismo. El arte anuncia lo que nace. El arte es la partera. Y la partera, canta.

Presentación de Daniel Link
a Niños que nacieron peinados (Buenos Aires, ArteBA, 21 de mayo de 2007)

[1] Federico García Lorca: Poeta en Nueva York
[2] Arturo Carrera: Niños… que nacieron peinados
[3] Afredo Prior: Alfredo Prior
[4] Arturo Carrera: Niños… que nacieron peinados
[5] Alfredo Prior: Alfredo Prior
[6] Laura Buccellato: Alfredo Prior
[7] Arturo Carrera: Niños… que nacieron peinados
[8] Roland Barthes. Mitologías
[9] Severo Sarduy: Niños… que nacieron peinados

por Daniel Link

Los inexistentes

Por Eduardo “Tato” Pavlovsky
Lois Wacquant, discípulo de Bourdieu, nos introduce en el ghetto de Chicago y el suburbio industrial en París. Allí nos señala que las estructuras y políticas estatales tienen un papel fundamental en las articulaciones de clase, lugar y origen de esas marginalidades. El nombre que elige este polifacético sociólogo francés es el de marginalidad avanzada. Cinturón negro y cinturón rojo son las denominaciones para ambas marginalidades (vidas desperdiciadas, los que no existen o los hombres de las cifras y estadísticas. Algunos ya no funcionan como seres humanos).

Manuel Delgado, un antropólogo catalán, en su libro Sociedades Movedizas concluye que se hace pensar, a través de la sociología científica (muy bien paga por las multinacionales de turno), que son las identidades y no por lo tanto los intereses -no las injusticias y la falta de intervención del Estado- las que producen malentendidos culturales que se resolverán a través del diálogo y reconciliación de partes.

Multiculturalismo -concepción apolítica, aeconómica, asocial e histórica de la noción “cultura”. Surgen entonces los expertos en “resolución de conflictos” -los mediadores culturales-, los terapeutas de comunidades, que intervienen con todo tipo de fiestas de “diversidad” y jornadas interculturales. Lo económico, o el Estado, no existe como causante de esas tremendas desigualdades sociales y económicas que se pueden solucionar a base de diálogos éticos, de cómo se administra el conflicto de base y hacerlo callar en sus verdaderas causas.

De ahí, de esta filosofía, surge la retórica de los derechos humanos basados en el amor y la comprensión recíproca. Como si los derechos de los humanos tuvieran existencia autónoma y “pudieran seguir alimentándose de la pura virtud”.

La tolerancia en este caso es de por sí un concepto que presupone la descalificación de lo tolerado. La opinión pública percibe así al racismo como una patología localizada (ej.: los skinheads), que puede ser combatida y debe serlo. De este modo los inmigrantes, vagabundos, los “sospechosos”, además de causar conflictos como minorías excretables, han “creado” la aparición de estos parásitos característicamente suyos, que son los racistas.

¿Qué dice el racista?: Toda la culpa es del inmigrante. ¿Qué dice el antirracista trivializado por los medios de comunicación o por los altavoces oficiales en la materia?: Toda la culpa es del racista.

Conclusión: suprimámoslo a uno y a otro y el orden alterado será suprimido.

Esto ejemplifica a la estigmatización como ese mecanismo que le permite a la mayoría social, o al Estado, delimitar con claridad a una minoría como causante de los males que afectan a la sociedad y que se evitarían si fuese eliminada.

Ellos dicen (la mayoría silenciosa): hay racismo, lo sabemos, pero no porque haya injusticia o explotación subhumana. Hay racismo porque hay racismo. Una adecuada formación de masas, con buena educación cultural, puede eliminar la tendencia casi congénita a excluir a ciertos prójimos y todo se acaba.

En resumen: el problema de la inmigración en Francia (o los negros de Chicago) no es poder vivir con la diferencia, sino si se puede convivir con el escándalo moral de la explotación humana indispensable para el actual modelo de desarrollo económico. Parece que podemos, si el OTRO acepta su no existencia -su no existencia de la dignidad humana- con un trabajo que lo dignifique y le permita re-construir el mundo o cultura del trabajo hoy ausentes.

Eso que dan en llamar la realidad es una construcción política y social determinada desde los centros de poder encargados de la producción y distribución de significados, para cuya eficacia resulta indispensable el concurso de mayorías sociales en cuyos temas de representación ya estaban presentes y activas las lógicas de, y para, la exclusión. La creación de un buen imaginario es indispensable (ordenado y ordenador). Siempre todo lo define el imaginario social construyendo las complicidades civiles. ¿O todavía no lo aprendimos?

Bernardo Kliksberg, economista asesor principal del PNUD para América latina, dice que 50 millones de jóvenes latinoamericanos están fuera del sistema educativo y del mercado de trabajo. “Su situación es explosiva. No tienen acceso a un primer empleo. Se generan grupos de parias en los márgenes de la sociedad. La sociedad los repudia, exigiendo su ‘disciplina’.”

Existe un 50% más de desempleo femenino -de donde surge gran parte de la prostitución, 20 millones de niños menores de 14 años son explotados laboralmente y siete millones en las más degradantes tareas como la prostitución, la pornografía y el tráfico de drogas.

América latina produce alimentos que permitirían satisfacer las necesidades del triple de su población actual. Sin embargo 53 millones carecen de alimentos suficientes.

La criminalidad juvenil crece. De 100.000 habitantes pasó de 12,5 en 1980, a 25,1 por ciento en el 2006, la principal causa es la violencia. “Una juventud desocupada y sin esperanza (y sin noción de cultura del trabajo) alejada del sistema educativo y con familias desestructuradas por la pobreza, crea vulnerabilidad. El refuerzo de mano dura frente a la población no hace más que romper sus tenues vínculos con la sociedad.”

La mano dura aumentó la población carcelaria pero no redujo las tasas de delito por no atacar sistemáticamente sus causas: trabajo, educación y familia. Esto tiene que convertirse en Política de Estado.

En Santiago del Estero el 40% de la gente no tiene cobertura médica. El sistema de salud está colapsado, saturado y en crisis. Los hospitales tucumanos son un refugio contra la pobreza. A las altas médicas les cuesta irse. ¿Adónde? Los profesionales dicen que el problema no es aumentar las camas sino resolver el problema socioeconómico de las familias: “se quedan en el hospital porque su situación es mejor que en su casa, comen y están protegidos”. En la provincia hay 300 centros médicos, 267 no tienen internación.

Me gustaría que la futura presidenta se refiera a estos temas escalofriantes y a si existe alguna solución. Nunca en el país hubo tanta diferencia entre la riqueza de unos pocos y la pobreza de muchos más. ¿Acaso exagero?

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40 globos y un signo

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En junio del año pasado los diseñadores gráficos David Wall & Conor Nolan se reunieron en un galpón con 40 globos negros inflados con helio y una cámara Yashica, y realizaron un poster tipográfico/fotográfico que celebra la etimología y forma del ampersand, signo tipográfico que deriba de la conjunción copulativa latina et cuya traducción es y. El poster de formato A1 (841 x 594 mm) contiene la imagen basada en el caracter & de la tipografía Helvetica Neue 75 bold de un lado y del otro ofrece un pequeño texto sobre la historia del ampersand.

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Más fotos del proyecto

Abzurdah -en un cuerpo que goza-
Autor: Fátima Aleman

“Abzurdah – La perturbadora historia de una adolescente” (1) es el primer libro de la joven platense de 21 años Cielo Latini. El mismo, publicado en agosto de 2006, ya va por su segunda edición. Éxito en ventas, su foto ya forma parte de numerosos blogs, los adolescentes la leen con avidez y la adoran.

No es un detalle menor que la prueba de ese libro haya sido el armado de un sitio llamado mecomoami, el cual en un mes llego a tener más de tres mil visitas. Esta página pro anorexia fue la oportunidad –dice la autora- “de enterar al mundo de que hay maneras diferentes de ver las cosas, de que no todo es tan absoluto y que los límites nunca están tan delineados. Saberme ayudando a miles de chicas para mí era algo positivo. Miles de chicas no podían estar equivocadas”. ¿Por qué una comunidad de anoréxicas no era una idea absurda? Porque “¿quién puede saber más de anorexia que nosotras, las propias anoréxicas?”. Es decir, el saber que otorga el pasaje por una experiencia (y en la lista podrían incluirse alcohólicos anónimos, mujeres golpeadas, etc.) tiene un valor más cercano a la verdad que el saber médico, psiquiátrico o psicológico sobre la misma.

¿Testimonio o provocación? Al lector le toca decidir, y así se lo invoca en el prólogo del libro. El caso de esta “adolescente perturbada” arranca entonces haciendo pie fuertemente en lo mediático.

La historia bien podría ser el guión de una película testimonial, aunque si estuviera en manos de Sofía Coppola seguramente le sacaría todo el tinte melodramático y top-model de la protagonista (pensemos en la magnífica “Vírgenes suicidas”). Una niña precoz, educada en una familia acomodada de La Plata, hija mayor de tres hermanos, alumna brillante en el colegio, se sentía “escandalosamente gorda”. No tenía amigas y su único valor era ser el orgullo de sus padres. Era pues la excepción a la norma: “No soy normal. Esa soy yo: quien excede los límites de lo normal, y no siempre para bien”. Su nombre también contribuye a la excepción –Cielo- y ella misma juega con él para devenir luego en Clara, Hiedra o Lágrima en las numerosas cartas, mails y manifiestos aportados como testimonios de su transformación.

En un viaje familiar, una pelea con sus padres la lleva a dejar de comer. “Mi manera de llamar la atención fue dejar de comer. Para ese entonces nunca había imaginado la delgadez como aliada, sino como un sueño inconcretable”. Sin embargo, será el deseo por un hombre y la decepción amorosa lo que la lleve a esta púber talentosa y presumida a la debacle anoréxica: “el amor te vuelve un bebé, te deforma, te consume, y si no es sacrificado, si no es sin sufrimiento, no es amor”. Estamos entonces frente a un desencadenante claro y preciso: un amor puro, un amor incondicional que en su fracaso deja como resultante el sacrificio extremo. Alejo es el destinatario de este amor (un joven nueve años mayor que ella) al que conoce un día en el chat y con el cual comenzará un intercambio epistolar y, más tarde, una relación pasional.

Poco a poco se irá consolidando como su único pensamiento y como objeto de odioenamoramiento: “¿Cómo se puede amar y odiar a una misma persona? Bueno, es fácil de responder a eso. Alejo fue un estafador”. Con él conoce el placer sexual, con él supone un embarazo al que nombra Ursula, con él conoce “el abandono y el rechazo al reemplazo”. La bulimia es en este caso la entrada a la anorexia y lo que funciona a modo de calmante: “al vomitar experimenté una descarga que no había sentido antes, de manera extraña una acción desagradable me llevó a sentirme bien”.

El cuerpo como máquina alimenticia pero también canibálica es el soporte de la felicidad ansiada luego de la desdicha amorosa, donde está en juego una voluntad irrefrenable de goce: “decidía vomitar y sacarme las porquerías que tenía adentro”. Luego, la carrera hacia la delgadez (ahora sí una aliada) no llegaba a concretar el objetivo: acaparar la atención del amado. Como contrapeso del amado estafador se hizo presente la voz-diosa Ana, nombre compartido por la comunidad pro anorexia al modo de una mística colectiva : “¿Por qué ser pro Ana? Ser pro Ana es un DERECHO, porque tenemos derecho a elegir”.

En el caso de Cielo Latini, esta santa patrona de las anoréxicas “pasó a ser un estilo de vida y de allí mutó en mi aspiración final. Ana me castiga y me insulta cuando me castigo y me insulto yo misma. Si Ana ve que estoy siendo justa con mi persona, entonces me recompensa”. Luego de una delgadez extrema a causa de “comer nada” el “goza” superyoico exigió aún más: intentos de suicidio, automutilaciones. El límite finalmente llegó con una internación, medicación y un tratamiento analítico. Sin embargo, la escritura que siempre estuvo como recurso -“siempre tuve ese rollo, esa obsesión: escribir. Escribir cualquier cosa que me venía a la mente. El papel es prudente. El papel no te es infiel, no te caga, te deja ser”- fue el verdadero freno salvador. Contar la experiencia de un amor desdichado y de un cuerpo que goza en la anorexia, con el beneficio secundario de la fama mediática (ser entrevistada por la prensa, almorzar en televisión con la diva de los almuerzos) no es un logro menor. “Abzurdah” es el testimonio de una transformación por Fátima: una desilusión amorosa en una causa justa para traspasar los límites saludables de la masa corporal.

(1) Cielo Latini, “Abzurdah – La perturbadora historia de una adolescente”, Ed. Planeta, 2006.

Fátima Aleman
Licenciada en Psicología (UNLP)
Miembro de la Asociación de Psicoanálisis de La Plata

Inclusión o expulsión
Por Sandra Russo

Me gustaría retomar, ya sin hablar de ningún candidato, el tema que abordé en otra contratapa, esta semana. Es extraño, aunque tiene una explicación sencilla, que el tema del conurbano casi no haya aparecido como tema de campaña. El conurbano le crea problemas y dilemas a la ciudad de Buenos Aires. En rigor, algunos de los problemas y algunos de los dilemas más inquietantes. El desborde de pobres e indigentes del conurbano irrita a los porteños. Por lo menos, a los que engrosarán el porcentaje del candidato que según las encuestas será el más votado. Ese sector está engrosado con los taxistas prototípicos cuyas mentes formatea Radio 10, y esa clase media baja que desde el principio de la argentinidad lucha por unir su suerte a la clase alta, en lugar de advertir que el menemato, mientras ellos se distraían con paraguas rusos y mermeladas húngaras, unió su destino a los pobres.
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tipografía
Cincuenta años de Helvética

Cuando pensamos en algo característico de Suiza (Helvetia, en latín), se nos vienen a la mente el chocolate, los relojes y hasta los lápices de colores. En el mundo de la comunicación y el diseño agregaríamos a un representante más: la tipografía Helvética, que fue diseñada por los tipógrafos Max Miedinger y Edouard Hoffmann en 1957.
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Ojos bien abiertos

El cine es el gran invento narrativo del siglo XX. Pero para Carlos Fuentes el placer de hipnotizarnos ante una historia cuyas imágenes se desarrollan frente a nosotros comenzó mucho antes: hace 350 años con Las meninas de Velázquez. Así de provocadora es la idea con que abre Viendo visiones (Fondo de Cultura Económica), el monumental libro de 500 páginas profusamente ilustrado en el que recopila sus ensayos sobre arte, de Rembrandt y José Guadalupe Posada a Frida Kahlo y Fernando Botero. A continuación, Radar reproduce el capítulo en el que el escritor mexicano recuerda sus conversaciones con Buñuel, sus monólogos con Godard, las horas pasadas en el Museo del Prado frente a Las meninas, y el encandilamiento con una Bette Davis que le dio al cine lo mismo que Velázquez a la pintura: el genio mirándonos a los ojos.
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“En la universidad no hay otra experiencia que la del trámite”

La psicóloga y profesora Raquel Bozzolo analiza, en diálogo con Página/12, las condiciones de la vida universitaria y cómo afecta a estudiantes y docentes una “subjetividad gestionaria”.

Por Javier Lorca
La universidad como una máquina productora de títulos. Entre sus engranajes, los estudiantes y los docentes, limitados a repetir una sola experiencia: la experiencia del trámite, burocrático y despersonalizado. A partir de esas características, la psicóloga Raquel Bozzolo, profesora de la Universidad de La Plata, reflexiona –en esta entrevista– sobre los sujetos y las instituciones que hoy configuran la vida académica.
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